No sirvió jugar bien la primera media hora, tampoco irse a la pausa con una desventaja inmerecida.
Un partido tiene 90 minutos, lo plantean los técnicos desde el banco y el sevillano Jiménez demostró que él si tiene la licencia por la que Babbel del Stuttgart tiene que pasar 3 días a la semana en Colonia, lejos de su equipo.
Los dueños de casa salen a arrollar, meten miedo, juegan bien, encajan un gol (minuto 23), se amilanan, retoman al final del primer tiempo la iniciativa, llevan peligro al arco sevillano y se van a la cabina con la cabeza en alto, seguros de poder darle la vuelta al marcador.
Al regreso Sevilla presentó otra formación con la que le achicó los espacios al Stuttgart, que desde entonces no pudo volver a combinar. El 4-5-1 español planteado por el entrenador Jiménez fue la correcta lectura del partido; Babbel, su contrincante, lució entonces como un analfabeta, o por lo menos como alguien que si sabe leer no conoce el idioma (del fútbol) en el que se escribió el partido.
Los cambios en el equipo alemán llegaron 25 minutos después, en el 70 (69 para los amantes de la precisa estadística) y no modificaron la formación pues remplazó uno a uno los puestos: delantero por delantero (Pogrebnyak por Cacau; Hitzslperger por Trasch; Elson por Hleb).
Ya a esa altura del partido perdía 2-0; tres minutos más tarde llegaría el 3-0. A 18 minutos del final el Sevilla se dedicó a controlar, con semejante botín (¡tres goles de visita en la Champions!) no dolió el descuento de un Stuttgart que me recordó una de esas escenas de guerra en la que el soldado, herido, sigue marchando hacía adelante, con pundonor, con orgullo, con ganas, pero ya con los segundos contados, muriéndose a poquitos y conciente del final.
¡Qué dolor!
P/S: Lo que pintó bien al principio de la temporada (yo alabé aquí al Stuttgart por su política de transferencias, que sigo considerando buena) amenaza terminar en tragedia por que el entrenador no está a la altura de un proyecto a largo plazo. Además, está Champions League ya es peor que la de hace dos años, cuando por lo menos, consuelo de tontos, el que humilló fue el Barcelona.














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